lunes, 24 de diciembre de 2012

EL RITO



EL RITO



 Otra vez me deshojo

en la hondura del bosque pretérito

que sangra en filo desgarrado

de un puñal verde.

Con la suave modestia de la violeta

que hamaca su desnudez

en la boca del viento

me despojo de los pétalos del pubis,

abro la jaula palpitante de mi sexo

y dejo escapar un vendaval de pájaros de fuego

que dibujan círculos candentes

en las palmas de tus manos.

Abro mis brazos poderosos

para recibirte en mí,

chiquillo dulce al que jamás olvido

y tu boca ausente bebe melancolía

de mis pezones duros como cerezas nuevas.

Con sinuosos movimientos

copulo con tu sombra intacta

y en el declive del éxtasis

envuelvo mi lengua en una crisálida de mutismo,

cerceno mi voz y mi garganta

y abjuro eternamente de las palabras

(ni siquiera en sueños desato

los nudos de orgullo que socavan

los finos hilos del lenguaje

y me permito decirte que te amo;

con celo monjil perpetúo

mis recatados votos de silencio)


 
Poco a poco,

mi cuerpo blanco se cubre de musgo,

las aves anidan en las hebras salvajes de mi pelo

y mi piel estalla en alucinados brotes

que me empujan

al filo desgarrado de un puñal verde;

mi saliva es la savia que gotea

en el umbral de tu noche

y mi piel rubrica su sentencia

mudándome

en la diosa viva más perfecta

de tu fantástica cosmogonía privada.


 
 



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