miércoles, 26 de septiembre de 2012

HABÍA UNA VEZ


HABÍA UNA VEZ

"...te remuerden los días
te culpa la noche
te duele la vida tanto, tanto..."
 Alejandra Pizarnik



Había una vez un hombrecito

con una nota a pie de página:

"Todas las acuarelas son lavables,

hay que buscar los colores piel adentro.

Hay que cerrar la puerta de la lluvia.

Pero la noche no.

La noche no se toca."



Había una vez un hombrecito

con un manual de instrucciones:

"Agítese antes de usar.

Pero agítese mucho,

hasta gastar el aire.

Hasta que las palabras se conviertan

en pequeños zoológicos de humo.

donde encerrar a la fiera que está,

pero no se anima."



La cabeza decía que no, 

el corazón decía que sí. 



¿Qué hace una mujer en celo

con un hombrecito descotado y blanco

como un hueso de luna?

¿Cómo explicarle a su espalda la anarquía,

el goce desbocado de los cristales rotos?



Había una vez un hombrecito.

La noche no,

la carne no, 

la palabra puede ser.

Pero hasta dónde.



¿Qué hace un hombrecito descotado y blanco

con una mujer que viaja en tren

y no saca boleto?

¿Cómo resuelve los alientos que se tocan,

tan extraños, tan insubordinados?



Janis Joplin y Mozart abriendo la cama.

Para qué.

Para cuándo.



Los colores se presagian en los otros.

Por eso yo lo pinté de gris.



El deseo tendió la mesa

y nadie se comió las perdices.



Del poemario "Todos los hombres que me amaron", Ediciones Literarte, 2012


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