sábado, 21 de enero de 2012

NIÑOS TAB


NIÑOS TAB
 

 
 
No soy una niña índigo.
 
Mi aura no es azul
 
y, la verdad,
 
no nací para cambiar el mundo.
 
Tampoco soy una niña cristal.
 
Mucho Lennon y mucho “Imagine”,
 
pero paz no tuve nunca.
 
 
 
Yo soy una niña TAB
 
(me gustó esta sigla,
 
el nombre de una gaseosa dietética prehistórica
 
que nadie quería tomar
 
porque era francamente horrible).
 
 
 
Los niños TAB nos juntamos a jugar,
 
algunas veces,
 
en una enorme sala de Jardín de Infantes
 
con las paredes pintadas de negro.
 
Mary insiste en modelar con arcilla
 
un espantoso muñeco que no está muerto
 
ni está vivo,
 
algo así como un Golem,
 
pero con las manos manchadas de sangre.



 Alejandra sirve el té
 
en preciosas tacitas de porcelana china
 
y ciertas veces interroga a la Reina Loca,
 
pero la mayor parte del tiempo habla con las voces:
 
“cuídate de mí”, les dice,
 
aunque las voces son profusas
 
(y las voces jamás responden
 
“nuestro nombre es legión, porque somos muchos”,
 
porque sino esto sería una película de terror de los ‘70
 
y no la sala de un Jardín de Infantes
 
con las paredes pintadas de negro). 
 
 
 
A Sylvia le gusta jugar a preparar la cena
 
y, por momentos, se queda mirando la cocinita blanca
 
con una fascinación morbosa.
 
Virginia tiene siempre los bolsillos llenos de piedras.
 
¡Y Vincent!
 
Deberían ver ustedes lo que hace con sus crayones.
 
Yo nunca vi nada igual. Tanta magia.
 
 
 
Ernest insiste en amedrentarnos
 
con una escopeta de plástico
 
y Cesare habla de una mujer
 
con unos ojos parecidos a los míos,
 
a los tuyos,
 

a los de nadie.
 
A veces pienso que esa señora es la maestra.
 
Sí, seguro que es la maestra.
 
En todas las salas de Jardín de Infantes hay una maestra.
 
 
 
Emily es muy callada.
 
Según dicen, ella conoce la esperanza,
 
pero no sé.
 
¿La esperanza es un ser con alas?
 
Edgar le responde que sí,
 
que es un cuervo,
 
y todos nos reímos un poco,
 
aunque en el fondo tengamos ganas de llorar.
 
A Robert le gusta la música.
 
 
 
Dylan nos desafía:
 
"¿Cuántos vasos de whisky deben beberse
 
para escribir un buen poema?"

 
Se supone que nadie bebe whisky
 
en un Jardín de Infantes,
 
pero los niños TAB somos así:
 
escondemos petacas de licor,
 
tabaco, píldoras
 
y cigarrillos de marihuana
 
en los bolsillos de nuestros pintorcitos a cuadros.


Los   niños TAB somos así:

jugamos casi todo el tiempo

y algunas veces nos sentamos a morir

en un rincón

porque estamos cansados.



Arte: Mark Ryden


2 comentarios:

  1. De niña leía escondida detrás de una cortina... leía lo único que había en mi casa... ninguno de esos personajes estaban a mi alcance... quizás John Lennon por la radio y de más mayor...Los personajes que leía era de novelas de bolsillos de una tal Corín Tellado... amores trágicos pero con final feliz... Luego en papel de traza intenta escribir mis sueños...sueños tan ásperos como el papel que tenía para escribir... Besos niña Tab

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    1. Carmen, tu camino en la palabra es tan maravilloso precisamente por eso. A mí los Reyes Magos me regalaban libros. En mis cumpleaños me regalaban libros (¡recuerdo que a los diez alguien me regaló la historia de Genoveva de Brabante!). Yo nací y crecí rodeada de libros. Lo tuyo fue un logro personal enorme y sabés cuánto te admiro por todo lo que conseguiste. (También leí a Corín Tellado, todavía venden sus libritos en el supermercado chino que queda en la otra cuadra de mi casa). Beso enorme!

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