sábado, 19 de noviembre de 2011

ANA Y EL VOLCÁN


ANA Y EL VOLCÁN

Para Ana, que tiene la suerte de abrir su ventana y ver al Popocatepetl



Ella abre su ventana

y allí está,

la gran montaña que humea,

el misterio donde se cuecen fuegos

cuando el pulso del crepúsculo se acelera

y el cielo luce

su vestido de gasa rosa.



La muchacha está en la ventana

y es parte del paisaje.

¿Cómo imaginar el volcán

sin imaginarla a ella,

abriendo esa ventana con sus manos morenas,

quitándose los ojos asombrados

-con un asombro renovado cada día-

para arrojarlos a los pies del gigante?

Sus ojos inquietos,

esos que, algunas veces,

bracean en un mar de lágrimas.



Ella está en la ventana,

y es parte de la vida.

La muchacha que ríe y que se duele,

que ama y  que desama,

que se tiende al sol con vocación 


de lagarto de plata.

La muchacha que también cuece en su sangre

 fuegos inesperados.

La que sueña con un amor rimado

y un suspiro de alivio.



Ella abre su ventana,

y allí está,

la gran montaña que humea.



Yo abro el abanico de mis versos

y los encuentro a los dos,

a Ana y al volcán,

imposible imaginarlos el uno sin el otro,

imposible separarlos en este juego absurdo

que algunas veces llamamos poesía.


 
 Arte: "Volcano", Ewelina Ozóg



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