domingo, 2 de enero de 2011

BLANCANIEVES Y EL PECADO ORIGINAL


BLANCANIEVES Y EL PECADO ORIGINAL



A mí,

como a todas las mujeres,

me delató un espejo.



Yo era la desordenadora:

la que soltaba pájaros en el bosque

cuando la extensión palpable del aullido

me mordía los talones,

la que lavaba su piel hecha de ritos

con la saliva espesa de la luna.



Creéme cuando te digo

que debajo de mi vestido de mi princesa

llevaba medias negras

y esperaba que la vida  resbalara

por mis brazos desnudos,

hasta mojarme la sombra.



La Reina me encontró

moliendo trigo

en las cavidades del verano.

Me encontró detrás de la rosa

que había madrugado

en la antesala roja de mis sueños.




Hubo una pulpa erótica,

temible,

que refundó el veneno en mi garganta.

Y después, el silencio.



Créeme cuando te digo

que es urgente

que la sílabas del beso pespunteen

un poema en mi boca.



A mí,

como a todas las mujeres,

me mató una manzana.




Arte: "Snow White", Ksenia Sazanovich

Del poemario “La antigua enfermedad del otoño”, Ediciones de la Iguana, 2011 


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