domingo, 19 de septiembre de 2010

ANTES O DESPUÉS


 ANTES O DESPUÉS

“Es preferible consolarse que ahorcarse.” - Diógenes de Sínope   



Antes o después 

el día llega. 

Hay que doblar pacientemente los fantasmas. 

Cerrar los cajones. 

Preguntar qué hace esa pluma negra 

entre las páginas del libro que amamos.   



Antes o después 

dejamos de comprender la tragedia 

de un zapato abandonado en la calle. 

Nos volvemos menos humanos. 

O más. 

Tratando de aferrarnos 

al detalle cotidiano: 

pagar la luz, 

sacar a pasear al perro, 

ver la nueva temporada de nuestra serie favorita. 



Antes o después 

volvemos a sonreír. 

Dejamos de buscar el verbo vacante 

a la hora de la mesa. 

Nos juntamos con amigos. 

Decimos que sí, que claro, que vamos, 

y leemos en voz alta un poema 

que ya no parece nuestro.   



Antes o después 

el día llega. 

Brindamos el 31 por un año distinto. 

Somos animales que sobreviven. 

Somos lo que tenemos que ser. 

Tendemos la ropa en sogas interminables 

sin pensar ni una sola vez en eso. 

Y la gente deja de mirarnos 

con esa mezcla de incomodidad y lástima. 

Ya no quiere abrazarnos. 

Lo que resulta un alivio. 

Los abrazos de los extraños tienen algo forzado. 

Algo desierto como una arruga inmóvil. 

¿Por qué me estás abrazando vos 

que no me abrazaste nunca? 

Sólo nos cruzamos en el almacén, algunas veces, 

y cambiamos dos o tres palabras sobre el tiempo. 

¿Así  es tener un hermano muerto? 

¿Ser abrazada, abrazada y abrazada, 

por gente que ni siquiera sabe 

que mi segundo nombre es Graciela? 



Antes o después 

nos toca sacrificar al cadáver que regresa. 

Ponerlo a dormir 

(pero que no le falten las flores, 

que no le falte nunca esa parte nuestra que se llevó). 



Antes o después. 



Antes o después 

nos descubrimos cruzando los dedos 

para que sea antes.



Arte: Ana Fagarazzi

Del poemario "Hermano", El Mensú Ediciones, 2011


2 comentarios:

  1. Sabés que todo ese libro me llega, me penetra, me recorre con los dedos del dolor. Da ganas de quererte un poco más. Y sí, de abrazarte. O mejor dejarte en paz doblar esos fantasmas que necesitan ser doblados.

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